Continúan en las costas italianas las tareas de búsqueda y rescate de supervivientes en el crucero Costa Concordia. Tres personas han sido rescatadas con vida tras permanecer más de 30 horas encerrados en sus camarotes, bajo el mar. Son una pareja de jóvenes coreanos y un ciudadano italiano. Mientras, el comandante de la embarcación sigue detenido, acusado de varios delitos de homicidio. Las autoridades italianas acaban de rebajar la cifra de desaparecidos de 40 a 17. Hay tres fallecidos.
El último de los rescatados es un ciudadano italiano, miembro de la tripulación, que está herido en una pierna y que ha sido evacuado hasta un centro hospitalario. La pareja de jóvenes coreanos, que estaba de luna de miel, era rescatada de una de las cabinas de la embarcación, y su estado de salud es bueno.
Mientras, se ha abierto una investigación para determinar por qué la embarcación estaba tan cerca de la costa y de la zona de rocas en la que encalló. El capitán del puerto más cercano confirma que el accidente se produjo por acercarse demasiado a esa zona. La pregunta dice, es por qué hizo el capitán esa maniobra.
El capitán del crucero sigue detenido, acusado de varios delitos de homicidio, por la muerte, hasta ahora, de tres personas. Sin embargo, desde la compañía naviera Costa Cruceros, su director general, Gianni Onoratto, defiende la conducta del comandante. Asegura que no abandonó la nave y que tenía suficiente experiencia como para coordinar la evacuación.
Un total de 177 españoles viajaban en el crucero y uno de ellos se encuentra desaparecido. Es un hombre de 68 años de edad, mallorquín, que viajaba con su familia, y del que perdieron la pista cuando decidieron saltar al mar porque nadie les rescataba.
Los primeros ciudadanos españoles han regresado ya a nuestro país, y han confirmado que presentarán una denuncia conjunta contra la compañía. Nada más llegar al aeropuerto del Prat, en Barcelona, han elaborado un listado de afectados para preparar la demanda. Aseguran que la evacuación del barco fue muy lenta, y que muchos tuvieron que lanzarse al agua para salvar la vida. No había suficientes botes salvavidas y confirman que la tripulación no sabía cómo bajarlos hasta el agua ni cómo manipularlos.
Además, confirman que, por megafonía, en ningún momento les dijeron que el barco se hundía, y sólo lanzaban llamamientos a la calma asegurando que se trataba de un problema eléctrico en un motor. Los últimos en salir del barco aseguran que la tripulación se marchó antes que ellos.