Las víctimas de las fuertes lluvias que afectan desde hace días al nordeste de Brasil se cuentan por decenas y podrían pasar a ser centenares si se confirma la peor de las hipótesis. Un total de 38 personas han muerto y 1.000 están desaparecidas en los estados de Alagoas y Pernambuco, donde el agua se ha llevado por delante casas, carreteras e incluso pueblos enteros.
En total, más de 11.000 viviendas se han venido abajo por las lluvias y otras 7.500 han sufrido destrozos. También ha resultado gravemente dañada la red de transportes: en torno al 70% de las líneas férreas y unos 1.500 kilómetros de carreteras han quedado inutilizados por el temporal.
El presidente del país, Luiz Inácio Lula da Silva habilitará fondos para asistir a las víctimas de las lluvias y se comprometió a actuar con la "misma rapidez" que en el estado de Río de Janeiro, donde el pasado mes de abril más de 200 personas perecieron, también debido a un fuerte temporal de lluvia.