Tras diez días en el paseo de la Independencia, la vigésimo sexta edición de la Feria del Libro de Zaragoza pone este domingo el broche final a las conferencias, los recitales, las firmas de escritores en los puestos y en la carpa. Aún sin cifras finales, la organización confía en que en esta edición se mantengan las cifras de 50.000 ejemplares vendidos el pasado año.
Antes de los actos de clausura, que tienem lugar a las 21.30 horas en la carpa de Independencia, se han presentado los libros de Luis del Val, César Vidal y María Dueñas, y habrá un recital de poemas de la obra de Gabriela Mistral.
El secretario de actividades de la Feria, el escritor Juan Bolea, ha mostrado una “elevada satisfacción” puesto que este año se ha logrado “una programación muy ambiciosa y al mismo tiempo muy atractiva y muy popular”, pues “la carpa central ha estado siempre llena”.
En el aspecto económico, Bolea ha reconocido que el objetivo de este año es mantener la cifra de 50.000 ejemplares vendidos en el conjunto de la feria en el último año, “una cifra muy importante”. “Creo que los libreros van a hacer un muy buen balance de venta. Probablemente no vamos a crecer por ahí, pero no creo que perdamos en ventas ni en ingresos”, ha señalado.
Esta opinión es compartida por el gerente de la Feria del Libro de Zaragoza, Ángel Gálvez, que ha indicado que “la crisis no se ha dejado sentir como se podía pensar en una primera valoración”. Asimismo, ha desvelado que “la opinión general de los expositores ha sido que, para lo que podía haber sido esta temporada de crisis, no se han resentido las ventas”.
La Feria ha contado en esta edición con 70 casetas, dos más que el año pasado, y 41 expositores, “por lo que en este sentido la crisis no se ha notado”. Gálvez ha asegurado, además, que el próximo año la organización ampliará el número de asientos de la carpa central “ante la gran afluencia de público”.
Por parte de los libreros, las opiniones son diferentes y variadas, en función de la tipología de libros que venden. De este modo, los expositores de grandes librerías se han mostrado satisfechos sobre todo con la afluencia de clientes los dos fines de semana, mientras que aquéllos que ofrecen textos más especializados han echado de menos un programa más seductor, que atrajera a más público hasta la feria.