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La tasa de paro de las mujeres aragonesas es del 13%, frente al 19% de la media nacional
La brecha salarial entre hombres y mujeres, la poca participación de estas últimas en los puestos de responsabilidad de las empresas, y la dificultad de compatibilizar vida familiar y laboral son las reivindicaciones principales en el Día Internacional de la Mujer, que se celebra mañana en Aragón con numerosos actos convocados por instituciones y asociaciones. Un dato más positivo es que aumenta, año a año, la ocupación femenina, ya trabajan casi 250.000 mujeres en la Comunidad, y el paro es ligeramente inferior al de los hombres.
La tasa de paro de las mujeres aragonesas es la tercera más baja de España, un 13% frente al 19% de la media nacional. Teruel es la provincia con menos mujeres desempleadas. Además, de los 34.000 empleos perdidos en el último año en Aragón, el 30% correspondió a mujeres y el 70% restante a hombres, ya que la crisis ha afectado con mayor intensidad a sectores como la construcción o la industria. Muchos de los nuevos empleos están siendo ocupados por mujeres, pero la brecha salarial es todavía patente y, en la Comunidad, las mujeres cobran un 31% menos al año que los hombres.
Otra característica del mercado laboral femenino es la gran proporción de mujeres que trabajan a tiempo parcial (debido, por ejemplo, al cuidado de los niños o mayores dependientes), aunque está aumentando el número de contratadas a tiempo completo. Esto se debe, en parte, a la disminución de ingresos familiares debido a la crisis, algo que se confirma en la calle.
La incorporación de la mujer al mercado laboral no se ha traducido todavía en una distribución equilibrada del reparto de las tareas domésticas. La mayoría de las mujeres dedican su carrera profesional al sector servicios, seguido a distancia del industrial y la agricultura.
Si en algún lugar han sido significativos los avances conseguidos por la mujer, es en el mundo rural. Sin embargo, al igual que en el medio urbano, aún son muchos los problemas por resolver.
La notable mejora de las condiciones de vida en los pueblos en las últimas décadas ha supuesto también un considerable aumento de la calidad de vida en el medio rural para las mujeres. Sin embargo, también ha traído otros problemas. El tradicional papel de la mujer como colaboradora en la economía doméstica ha dado paso a una mayor dedicación de la mujer rural al sector servicios. Ello choca con la falta de oportunidades de empleo, que obliga a muchas mujeres a trabajar fuera de su localidad de residencia. Un problema que se agrava si tiene que estar al cuidado de los hijos o los mayores.
La mejoría de las comunicaciones hace que trabajar en el núcleo urbano más próximo no sea un problema grave. No obstante, esa falta de oportunidades o la dificultad de conciliar la vida laboral y familiar obliga a muchas parejas jóvenes a emigrar a las ciudades, con lo que avanza el envejecimiento de la población femenina rural.